Aston Martin se hunde en una profunda crisis en la Fórmula 1 y busca un golpe de timón

Si hay una historia que se destaca sobre el resto en el inicio de la nueva era técnica de la Fórmula 1 es la caída al abismo del equipo Aston Martin, que pasó de ilusionarse gracias a su asociación con Honda a ni siquiera poder completar las dos primeras carreras de 2026, con una dirección cambiante y errática.

Muchas expectativas estaban puestas en el inicio del año 2026. Y es que, no solo llegaba Honda como proveedora exclusiva de unidades de potencia al equipo Aston Martin, sino que Adrian Newey se iba a reunir con Fernando Alonso para trabajar juntos y llevar al equipo con sede en Silverstone a lo más alto. Nada más lejos de la realidad.

Newey asumió como jefe de equipo de manera inesperada a finales de 2025 reemplazando a Andy Cowell, que pasaría a monitorear el desarrollo del motor. Ya por entonces sabían que las cosas no iban bien. El “genio de la aerodinámica” fue tremendamente sincero ante la prensa y reconoció que un viaje a Japón en los últimos meses del año pasado les hizo dar cuenta del atraso que llevaban las unidades de potencia.

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La sucesión surrealista de hechos siguió con otro hecho que provino desde la sede de Honda: buena parte de los empleados del programa de motores de Red Bull se quedaron con el equipo de Milton Keynes para formar Red Bull PowerTrains cuando decidieron irse de la Fórmula 1 en 2021 de un día para el otro. Otra parte de los empleados estaba trabajando en tareas alejadas del automovilismo. El fracaso ya era evidente desde la pretemporada, cuando dieron pocas vueltas, pero cada noticia era peor para ellos que la anterior.

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Como si esto no fuera poco, la unidad de potencia vibra y sus pilotos no pueden terminar las carreras, como se vio en los GP de Australia y de China. Alonso hasta “saludó” a Sergio Pérez que lo pasaba en su Cadillac, un equipo totalmente nuevo. Esta imagen dantesca es solo la última de una dirección errática, no solo de Cowell o de Mike Krack, que fuera su antecesor, sino de Lawrence Stroll, el dueño y máximo responsable de lo que ocurre puertas adentro en Aston Martin.

Es habitual que los equipos puedan tener problemas de fiabilidad en Fórmula 1 con un gran cambio de reglamento, pero es inaceptable que no puedan terminar una carrera porque el auto es nocivo para sus pilotos. Lejos quedó la ilusión de ver a Alonso ganar con Newey al frente del diseño como asesor y de tener una revancha con Honda luego del estrepitoso fracaso en su regreso con McLaren en 2015. Muchos años después tuvieron éxito con Red Bull, pero el bicampeón del mundo ya no tiene el tiempo de espera a sus 44 años por esa esquiva victoria 33.

Stroll compró no solo Aston Martin, sino toda la estructura de lo que alguna vez fue el equipo del recordado Eddie Jordan, con su base en Silverstone. Con una inversión millonaria en su fábrica, mejoras en el túnel de viento, los mejores empleados disponibles, como Cowell, que provenía del departamento de ingeniería de Mercedes, pero decisiones cuestionables como seguir manteniendo a su hijo Lance al volante, quizá la única razón de la existencia de la estructura, que dista mucho de la gestión del carismático irlandés fallecido el año pasado.

El millonario canadiense pensó que, dejando la unidad de potencia de Mercedes, con la que ganaron ese recordado GP de Sakhir en 2020 con “Checo” Pérez y obtuvieron los podios con Alonso hace tres años, les iba a dar el rendimiento extra para pelear por victorias en la Fórmula 1, al tener un acuerdo de exclusividad. Hasta ahora, ni siquiera vieron la bandera a cuadros en las carreras principales.

Fernando Alonso (Foto: Aston Martin)

Stroll sabe que necesita un volantazo. Si bien salió a respaldar públicamente la gestión de Newey, el propio Adrian dijo que se ocupaba de toda la gestión de manera provisional. Los problemas no paran de aparecer y la temporada transita solo su primer mes. Por esto buscan un reemplazo del británico. Se habló de Christian Horner, ex jefe de Red Bull, pero sus intenciones van más allá del cargo: quiere ser el dueño. Otros nombres como Andreas Seidl, que encabezó la recuperación de McLaren, pero tuvo problemas con la directiva de Audi por divergencias en el proyecto de ingreso a la F1, y Martin Whitmarsh, también ex McLaren y de paso por Aston Martin anteriormente fueron los más mencionados.

Pero el que más chances tiene, no solo por estar “libre” por su salida de Audi, sino porque trabajó con Newey en Red Bull, es Jonathan Wheatley, que dio un portazo la semana pasada por “razones personales” del equipo alemán cuando apenas pasaron dos eventos. Mattia Binotto, ex jefe de Ferrari, quedará a cargo de la operación. Wheatley fue director deportivo del equipo de bebidas energéticas y buscaría tomar el control del día a día mientras que Adrian volvería a enfocarse en solucionar todas las fallas técnicas del AMR26.

Wheatley no solo tiene experiencia en F1, sino una demostrada capacidad de mando durante dos décadas en la toma de decisiones, algo en lo que Lawrence Stroll ha adolecido en todo este tiempo. El canadiense espera que este probable golpe de timón, que dependerá del tiempo de “gardening” del británico, es decir, el tiempo que deba esperar para asumir como jefe si lo contratan, sea el comienzo de la recuperación. Si acierta, tendrá futuro y si vuelve a fallar, será recordado como el mayor papelón histórico de la F1.