Opinión GP: Del modelo a seguir al caos organizativo del GP de España de F1

El Circuit de Barcelona-Catalunya afronta un fin de semana crucial de MotoGP para rehacerse del vergonzoso caos que se vivió con la F1.

Hace dos semanas se llevó a cabo el GP de España en el Circuit de Barcelona-Catalunya, una prueba que antes de la pandemia era elogiada por muchos como un ejemplo a seguir a la hora de organizar y gestionar un evento deportivo de tales dimensiones y se convirtió en un caos. Durante un concurrido fin de semana de Fórmula 1 se cometieron numerosos errores organizativos que hicieron del Gran Premio una experiencia terrible para muchos aficionados. Este fin de semana el trazado catalán, aún con la resaca que dejaron los más de 120.000 espectadores del domingo 22 de mayo, acoge esta vez el GP de Catalunya de MotoGP, una cita en la que se espera menos volumen de gente, pero en el que no pueden volver a suceder las numerosas incidencias que se vivieron en F1.

Para poner en contexto vamos a hacer una breve cronología de cuatro días en los que 277.836 espectadores se acercaron hasta las instalaciones del Circuit de Barcelona-Catalunya. Tras dos años marcados por la pandemia de la Covid-19, por primera vez el público podía acercarse a ver a sus ídolos de cerca en territorio español. Antes de la llegada del coronavirus, el número de aficionados en las carreras de Fórmula 1 había ido hacia bajo desde los años gloriosos de Fernando Alonso. De 2014 hasta 2019 la gran mayoría de asistentes eran extranjeros, quién tampoco lograban llenar todas las gradas del circuito.

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Más de 6 mil personas fueron el jueves a recibir a sus ídolos en el pit lane (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

No obstante, el jueves ya daba la impresión de que la gente tenía ganas de motor. 6.872 personas fueron a hacer el ‘track walk’ durante una tarde de jueves, donde ni siquiera todos los pilotos se acercaron a saludar a un público abarrotado. Todo el pit lane a rebosar de gente, con la policía catalana, los Mossos d’Esquadra, intentando poner orden a algunas conductas un poco más temerarias de la cuenta y, al final, para intentar desalojar de gente toda la zona. Algo que parecía difícil, y lo fue, con bastante lentitud pero eficacia finalmente. Era solo el prólogo de una historia que podría haber tenido un gran final feliz, pero acabó siendo decepcionante en muchos casos particulares.

El viernes empezaron las primeras aglomeraciones con 54.134 personas llegando hasta las inmediaciones del circuito para acompañar los entrenamientos libres. Una cifra más que impresionante hablando de que solo eran entrenamientos, sin ningún significado más allá de ver pasar los coches y ver las evoluciones en pista de los equipos.

No obstante, si que se realizaron varias actividades en la Fan Zone y con mucha acción en la zona comercial, pero que en algunas partes ya se podía apreciar una falta de personal evidente. «Colas de 1 hora para pedir un bocata y un refresco a un precio desorbitado», nos comentaba una aficionada el viernes por la tarde. Y es que sí, los primeros fallos organizativos llegaron de cara a un viernes en el que nadie esperaba tanta afluencia de gente. Seguramente, de todos, es el más perdonable y justificable, pues aunque haya previsión de muchísima afición para el domingo, posiblemente nadie espera más de 50 mil personas para un día de entrenamientos libres.

Además de todo eso, cabe destacar que lo que más marcó todo el fin de semana fue una ola de calor inédita que fue progresivamente subiendo las temperaturas en toda Catalunya. La región se vio claramente afectada, y la calidez era bien presente en Montmeló, con temperaturas que alcanzaron los 37ºC el domingo. Sinceramente, a pleno sol, sin sombra ni tan solo una brisa fresca de vez en cuando, el Circuit parecía un horno en la mayoría de gradas. En el Paddock mismo se hacía notar ese asfixiante calor, donde se podía ver a invitados, periodistas y personal de los equipos refugiarse en las sombras de los motorhomes.

Personal del Paddock refugiándose del calor en las sombras de los motorhomes (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

Hasta ese momento, con sus menos y sus más, la organización se podía calificar de aceptable, aunque lejos de las buenas gestiones del pasado. Pero el sábado y el domingo todo quedó desbordado a niveles inimaginables. Las reclamaciones de los asistentes se hicieron notar por redes sociales, que bombardearon de situaciones muy tristes, manchando lo que podría haber sido una gran fiesta de la Fórmula 1. El calor hizo aún más inaguantable ciertas situaciones, pero es que la refrigeración era también un tema importante en el que la prevención debería haber sido mucho mayor. Cierto es que era difícil predecir esas altas temperaturas semanas antes, pero el tiempo de reacción era el suficiente como para prevenir algunas situaciones mejor de lo que ya se intentó hacer.

95.163 personas vinieron para acompañar la clasificación de la F1, mientras que hasta 121.667 lo hicieron para el gran día, la carrera. Son cifras que superan la capacidad de los grandes estadios de fútbol de Europa. Estamos hablando de un evento deportivo que reúne más gente que la propia final de la Champions League y, con tal magnitud, la organización debía ser impecable para evitar el caos. Y no fue así. El Circuit, la organización del GP y la propia F1 podían llegar a tener una estimación de la cantidad de entradas que se habían vendido. Las instalaciones tienen un aforo, y viendo como se agotó todo a falta de semanas para el Gran Premio, ¿cómo puede ser que no pudiesen predecir esta llegada en masa de aficionados?

El agua, por simple que suene, fue uno de los mayores problemas durante el sábado y el domingo. Falta de suministro para muchos trabajadores que estaban intentando poner orden durante horas y horas, con turnos más largos de las 8 horas contratadas, según algunos de ellos nos afirmaron ahí mismo. Para el público, peor aún, a precios de hasta 4€ por botella, los suministros se terminaron a mitad del día durante el sábado, con muchas de las botellas vendidas sin ni siquiera llegar a enfriarse.

Es vergonzoso, tal como suena, con gente que paga de 150€ a más de 400€ para estar ahí con más de 35ºC de temperatura, es algo que no debería ocurrir en ningún evento del mundo. Y así nos fue… según nos afirmó una aficionada «se escuchaban ambulancias cada dos por tres». Mientras varios nos relataban golpes de calor constantes por todo el circuito, de menor o mayor gravedad, pero más que preocupantes.

Y hasta se tuvo que esclarecer la muerte de un aficionado en las inmediaciones del circuito, que el sábado sufrió un infarto y de camino al hospital falleció, según confirmó el propio Circuit. No hay que indagar en situaciones en las que se desconocen todos los detalles y más en lo que parecen circunstancias naturales, pero sin duda era un mal presagio de que en una situación tan compleja se podía llegar a vivir alguna desgracia dentro de las instalaciones.

Había gente de todas las edades, a pleno sol y aguantando largas colas, largos ratos de sesiones sentados en la grada o en la pelousse y, además, también aguantar largos trayectos andando con todo ese calor. El agua, por lo menos, debería ser gratis y accesible en todo momento. Es algo que debería hacerse universal, en eventos multitudinarios y más con el calor por en medio, es un recurso que debería estar al alcance de todos de forma gratuita. «No entiendo por qué no ponen fuentes dentro del circuito y ponen cubierta en las gradas. Ya no es la primavera de antes, ahora hace más calor en estas fechas», nos reclamaba una socia que viene desde hace más de 15 años.

Más de 121.000 personas llenaron el Circuit para acompañar la carrera del GP de España (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

Las largas colas y el tráfico también tuvieron una nefasta gestión, en la que podría señalar especialmente tanto a la empresa de seguridad, Wakeful, como el cuerpo de policía catalán, que poco hizo para evitar los colapsos inmensos que se encontraron. Y es que tanto el sábado como el domingo se presenciaron larguísimas colas de coches para entrar y, sobretodo, para salir del circuito. El sábado por la tarde, unas tres horas después de la última actividad en pista, un miembro de la seguridad del trazado nos alertó de que había 2 horas para llegar a Granollers, la población de al lado, a menos de 5 km de distancia. Ante tal situación, algunos periodistas que querían ir hacia sus hoteles empezaban a mostrar una buena indignación.

Y la peor parte fue para los espectadores. Accesos totalmente bloqueados, más de hora y media de espera, totalmente detenidos, para poder coger la entrada de la autopista, a escasos metros de las puertas del Circuit. Todo eso bajo un gran calor y con nadie dirigiendo el tráfico. Fueron varios los videos que mostraron a los propios aficionados dirigiendo el tráfico para evitar colapsos mayores, especialmente dentro de los párkings habilitados para el evento. Unos estacionamientos que iban con entradas de 20€, y que nadie controló su acceso durante el día. Muchos fueron los que se colaron sin control alguno, haciendo que los que sí habían pagado para aparcar se encontraran sin sitio y teniendo que buscarse la vida por los alrededores. Algo totalmente inédito y sin ningún sentido.

Desde la organización pedían ir en transporte público, pero la situación era igual o peor. Algunos aficionados mostraron las colas extremadamente largas que se hicieron para coger un tren de la Renfe, con esperas de más de 2 horas para subirse al vagón. A pesar de los refuerzos que anunciaron con más de 70 trenes extras, la situación fue un completo caos. Siempre han habido colas en todos los años en este aspecto, pero en menos de una hora estabas dentro de un vagón aglomerado de gente. Este año era el doble o más, con la misma aglomeración estresante de hacer un trayecto de más de media hora para llegar a Barcelona con el espacio justo para respirar y poco más.

Largas colas en los accesos al circuito durante todo el fin de semana (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

Hasta aquí se puede apreciar el completo caos que se encontraron los aficionados para venir a ver la Fórmula 1. Y no termina aquí, cada espectador se pudo encontrar con distintas situaciones que le complicaron la vida para asistir a lo que debía de ser puro entretenimiento. Algunos incluso, viendo las incidencias del viernes y el sábado, ya ni siquiera fueron a la carrera del domingo, tal y como relataron por redes sociales. Es muy triste. Pero es que más allá de las aglomeraciones, las colas, el tráfico, la falta de agua y el mínimo control en los estacionamientos, hubo más.

Accesos colapsados al circuito debido a las largas colas permitiendo entrar sin pedir las entradas, control de acceso mínimo en las gradas, gente colándose, aforos superados en algunas zonas, cortes intermitentes del agua de los grifos de los lavabos, colas kilométricas para coger el transporte que unía Montmeló y el circuito, gente andando largas distancias a pleno sol para llegar antes… Hasta se relató que en la tribuna A, en la primera curva, mucha gente se coló y ocupó las escaleras para poder presenciar la pista, superando de largo el aforo, y poniendo incluso en peligro la estabilidad de las instalaciones. Podría haber resultado en una catástrofe, y nadie le puso ningún remedio.

Es vergonzoso y triste lo que ocurrió hace tres semanas en el Circuit de Barcelona-Catalunya, nadie debería pagar por vivir todas esas situaciones. Quedó evidente que la magnitud del evento superó la propia organización, de la que faltan respuestas para saber qué fue lo que falló. ¿Falta de presupuesto tras la pandemia para tener todo en orden? ¿El cambio de empresa de seguridad? ¿La falta de personal? ¿La inestable dirección del Circuit que ha ido cambiando varias veces en los últimos años? Hay muchas preguntas sin responder que preocupan y mucho.

Los voluntarios que trabajan como seguridad en las puertas y puestos de control normalmente son chicos jóvenes que se unen a la causa para ganarse un pequeño sueldo durante un fin de semana. No suelen tener experiencia y en la práctica surgen dudas, indecisiones y, además, sin un curso preparatorio como el que parece que no hubo este año, la situación empeora. Más cuando los efectivos son mucho menores que en el pasado. Una aficionada nos recordó que años atrás había un trabajador por cada zona de cada tribuna para tener un mínimo control, este año había prácticamente uno o dos por grada entera, no daban a basto los pobres con todo.

El fuerte calor se volvió un problema a lo largo de todo el fin de semana, con temperaturas de más de 35ºC (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

La culpa no recae sobre estos trabajadores, que ya mucho tuvieron que aguantar. La culpa viene de arriba, de los que mandan y organizan este evento. Son ellos los que tendrían que haber prevenido esta gran afluencia de gente y haber puesto un mayor control sobre todas estas situaciones. No se puede permitir algo así, es peligroso e indignante para todos aquellos que solo quieren venir a divertirse, y acaban enfadados, cansados y con la ilusión perdida por ver las carreras. Lo peor de todo es que años atrás estas situaciones estaban más que controladas, las aglomeraciones siempre las hubo, pero con orden y una eficiencia ejemplar a la hora de gestionar todas estas situaciones. ¿Qué ha pasado?

El Circuit dio algunas respuestas con el director general, Josep Lluís Santamaría, en una entrevista para Motorsport.com, días después de que la propia Fórmula 1 tachara de «inaceptable» lo ocurrido con los aficionados en el GP de España. El discurso fue a la defensiva, aceptando pocos errores y haciendo eco más en las soluciones -insuficientes- que intentaron aplicar que de hacer autocrítica y dar un perdón a todos aquellos que se quedaron con gran malestar tras vivir esas situaciones. «Sí que es cierto que ha habido fallos que hay que trabajar y modificar. Hemos tenido la tercer mejor afluencia en la historia del Gran Premio. Hemos de trabajar, como dice Domenicali, en mejorar para dar el mejor producto a todos», afirmaba Santamaría.

«Entendemos el malestar de los espectadores, algunos no han tenido problemas porque han entrado y salido bien, pero en algunos puntos sí que ha habido congestiones que se han alargado bastante. Después, la gente se empieza a poner nerviosa e intenta buscar una salida, con lo cual se colapsa más todavía cualquier posible salida lógica que podría haber», respondía sobre los desórdenes en los accesos, sin mencionar muchas de las situaciones que aparecieron en las redes sociales.

MotoGP espera una menor afluencia de gente, pero la organización será vital para evitar un nuevo desastre organizativo (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

Realmente hay que dar respuestas efectivas a lo sucedido. Incluso la prensa inglesa se abalanzó con fuerza sobre lo ocurrido, cuestionando si debe continuar el GP de España en el calendario. Todos los que nos queremos este circuito, todos los que lucimos orgullosos la carrera de casa queremos que continúe, que siga llevando la Fórmula 1, MotoGP y demás competiciones hasta nuestro país. Pero no así. Las críticas son duras pero la finalidad no es tachar todo lo bueno que se ha hecho en más de 20 años, sino dar un toque de atención para mejorar y evitar que se reproduzcan todos estos problemas en un futuro.

Una de las aficionadas que nos dio más detalles de todo lo ocurrido así mismo lo afirmaba. «Es triste tener que criticar el circuito, porque queremos mucho a este sitio y queremos seguir viniendo. Pero cuando se hacen las cosas mal, hay que decirlo, para que mejoren y solucionen todos los problemas que hemos vivido». Y así es, y la mejor oportunidad para hacerlo es este mismo fin de semana.

MotoGP llega con previsiones mucho menores que en la Fórmula 1, según el propio Circuit se esperan solo unas 50 mil personas, muy lejos de la F1. A pesar de que años atrás acogía mucha más afluencia de gente, con cerca de 90 mil personas en las gradas, este año la categoría reina de automovilismo parece que le pasará la mano por la cara con solvencia. Aún así, es la oportunidad de oro para aprender de lo ocurrido, analizarlo y este fin de semana tratar todo con delicadeza para evitar que se reproduzcan todos esos problemas que ocurrieron. Habrá menos gente, la previsión es de menos calor que en el mes de mayo y todas las miradas estarán bien atentas a como se desarrolla el fin de semana.

Hay cosas como el agua potable, las sombras y muchos otros detalles que deben estudiarse a largo plazo, pero la gestión de las colas, el tráfico en los accesos, evitar tumultos y superar aforos en las gradas, todo eso se puede organizar mejor esta vez. También los recursos de agua, los precios e, incluso, el trato con los aficionados. Hay que dar una rápida y eficaz respuesta para no alarmar aún más al público, que está muy tocado. Tristemente habrá mucha gente que tras la experiencia en el GP de España no quiera volver a ir, que en los próximos años no quiera pagar los altos precios de la Fórmula 1 para volver a ver de cerca las carreras. Es más que posible que el volumen de gente caiga, pero los desagradables momentos que vivieron algunos no se olvidarán tan fácilmente.

Las gradas se llenaron de buena mañana, con aglomeraciones de gente en todas las zonas de pelousse (Foto: Eric Calduch / GRANDE PRÊMIO)

Y es una pena, porque queremos ver el circuito lleno, de hecho, todos los circuitos del mundo. Pero hay que mostrar el profesionalismo por el que se conocía la organización de este circuito, y hay que hacerlo ya. MotoGP no puede vivir un nuevo caos, sino las categorías podrían replantearse volver en los próximos años, y más con calendarios que tienen multitud de ofertas para tener un hueco del calendario. No se pueden cometer más errores, o España y, concretamente Catalunya, pueden perder en un abrir y cerrar de ojos uno de sus mayores eventos deportivos del año. Nadie quiere eso.

Hay que actuar y todos esperamos ver este fin de semana unos días de motociclismo repletos de acción pero con orden y eficiencia a la hora de gestionar al público. Será todo un reto tras lo ocurrido, pero se pueden lograr perfectamente. Pese al corto espacio de tiempo entre los dos eventos, ha sido suficiente para poner sobre la mesa lo que estuvo mal y modificarlo. Prevenir antes que curar dice el dicho… pues esperamos ver exactamente eso. Queremos un Circuit de Barcelona-Catalunya lleno hasta arriba, pero también con orden y con su público mayoritariamente contento. Haga calor, frío, llueva o nieve, pero seguros y disfrutando de lo que se vino a hacer ahí, que es ver las carreras y vivir una agradable experiencia con ello.

Hay que confiar que será solo una piedra en el camino, hay que pedir disculpas por lo ocurrido y reconocer la culpa, y trabajar para que las instalaciones sean más y más cómodas para los aficionados. Muchos circuitos pasan por remodelaciones para ofrecer una mejor oferta a sus espectadores. El trazado catalán se ha quedado atrás en algunos aspectos, se están haciendo cambios positivos como el nuevo paddock, el podio o la seguridad de algunas curvas.

Pero ahora toca pensar en el aficionado e invertir dinero en él, el que haga falta, con tal que las experiencias mejoren, los caos no se repitan y el automovilismo y el motociclismo no dejen de crecer en el país, y que una mala experiencia no ponga punto y final a la ilusión con la que venían muchos hace un par de semanas y se fueron decepcionados. Hay tiempo y margen de mejora, la esperamos.